Para comprender el bautismo del Espíritu Santo en el Dispensacionalismo Progresivo, es necesario reconocer, ante todo, que se trata de una bendición del nuevo pacto y no de algo separado de él. El Dispensacionalismo Tradicional trata el bautismo del Espíritu como algo distinto del nuevo pacto, considerándolo un beneficio exclusivo de la era de la Iglesia que cesará en el arrebatamiento. El Dispensacionalismo Progresivo, en cambio, lo entiende como parte integral del nuevo pacto y, por tanto, sostiene que continuará en las dispensaciones futuras, donde el nuevo pacto alcanzará su cumplimiento último y completo —del cual la era presente es solo una realización parcial—.

La Iglesia como Primera Etapa de la Comunidad del Nuevo Pacto
La Iglesia representa la primera etapa de la comunidad escatológica del nuevo pacto. En su sentido más pleno, esa comunidad no es otra cosa que la nueva humanidad: la humanidad restaurada en sí misma. Lo que Dios está edificando por medio del nuevo pacto no es simplemente una institución eclesiástica destinada a concluir en el arrebatamiento, sino una nueva humanidad, y la Iglesia es la expresión inaugural de esa realidad redentora más amplia. En este sentido, la Iglesia se comprende mejor como una categoría dentro de una categoría mayor: no es la totalidad de la comunidad del nuevo pacto, sino su primera y presente manifestación.
El Nuevo Pacto y la Promesa Abrahémica
El nuevo pacto es el medio por el cual se accede y se hace efectivo el cumplimiento de las bendiciones universales del pacto abrahámico, resumidas en Génesis 12:3. La escatología de la Iglesia no es una escatología separada de lo prometido en el AT; al contrario, está profundamente enraizada en él. Sin embargo, ese enraizamiento no debe entenderse en términos de reemplazo ni de alegorización, sino de coparticipación: por medio de Cristo, la Iglesia comparte los pactos de la promesa, participando junto a Israel en el cumplimiento progresivo del plan covenantal de Dios.
Dentro de este marco, los gentiles participan de las bendiciones universales de la promesa abrahémica, mientras que Israel recibe sus bendiciones particulares. Sin embargo, ambas comunidades acceden a esas bendiciones por un solo y mismo medio: el nuevo pacto, administrado mediante el bautismo del Espíritu Santo.
Por qué el Bautismo del Espíritu No Puede Separarse del Nuevo Pacto
El Dispensacionalismo Tradicional trata el bautismo del Espíritu como una bendición distinta, separada del nuevo pacto. No obstante, esa separación es exegéticamente insostenible. Joel 2:28–32 —la profecía que Pedro citó en Pentecostés— es, en su contexto, una profecía del nuevo pacto que describe el derramamiento escatológico del Espíritu de Dios. La promesa de Ezequiel 36:26–27, «Pondré mi Espíritu dentro de ustedes», no es un apéndice al pacto, sino parte de su misma definición. Pablo teje el mismo hilo en Gálatas 3:14, uniendo en una sola realidad la bendición abrahémica, su alcance hasta los gentiles y la recepción del Espíritu. Si el Espíritu pertenece al nuevo pacto, entonces también le pertenece el medio por el cual Él es recibido.
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Autor
Leonardo A. Costa
Investigador y escritor que explora el dispensacionalismo desde una perspectiva progresiva, con profundo aprecio por el legado de esta tradición.
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