En Efesios 2–3, Pablo construye una teología de la coparticipación, y el uso repetido y deliberado del prefijo syn es la clave para comprenderla. Syn, en griego, significa "junto con", "en unión con", y presupone siempre dos o más sujetos distintos que actúan o participan de manera conjunta. Es un prefijo de comunión, no de fusión. Con él, Pablo forja una serie de términos:
- synezōopoiēsen (vivificados juntamente, 2:5)
- synēgeiren (resucitados juntamente, 2:6)
- synekathisen (sentados juntamente, 2:6)
- sympolitai (conciudadanos, 2:19)
- synoikeioi (miembros de la misma familia, 2:19)
- synklēronoma (coherederos, 3:6)
- syssōma (miembros del mismo cuerpo, 3:6)
- symmetocha (coparticipantes, 3:6)
Los tres últimos términos aparecen de manera consecutiva en 3:6 como el clímax del argumento: los gentiles son coherederos, comiembros y coparticipantes en los pactos de la promesa.
Extranjeros a los pactos de la promesa
Para comprender el peso de esto, es necesario comenzar con Efesios 2:12. Allí Pablo describe la condición anterior de los gentiles con precisión quirúrgica: eran "extraños a los pactos de la promesa". No se trataba simplemente de ignorancia respecto a las Escrituras —eran extranjeros a una relación pactual que pertenecía a Israel. Los pactos abrahámico, davídico y nuevo fueron establecidos con Israel. Los gentiles, antes de Cristo, estaban fuera. Romanos 9:4 lo confirma: los pactos, las promesas y la ley pertenecen a Israel. Y es precisamente por eso que Romanos 11 presenta a los israelitas como las ramas naturales y a los gentiles como las injertadas —no hay lugar para la jactancia, porque el gentil fue introducido en algo que originalmente no le pertenecía.
La novedad del evangelio, por tanto, no consiste en que Israel se convirtiera en la iglesia, ni en que los gentiles se volvieran Israel. Lo que Pablo anuncia es que, en Cristo, fue destruida la barrera que separaba —"el muro divisorio de enemistad" (Ef. 2:14)— y que con ello los gentiles fueron acercados a los pactos que antes les eran ajenos. El resultado es un nuevo hombre, un nuevo cuerpo (2:15–16).
Coparticipación sin pérdida de identidad
Lo que Efesios 2–3 proclama es algo a la vez radical y preciso: los gentiles, que eran extraños a los pactos de la promesa, se han convertido en coherederos y coparticipantes de esos mismos pactos —sin que Israel deje de ser Israel y sin que los gentiles dejen de ser gentiles. La unidad no borra las identidades; las reúne. Los pactos pertenecen a Israel, y es precisamente por eso que la inclusión de los gentiles en ellos constituye una gracia extraordinaria. Eso es un misterio que no fue revelado en el AT. La participación de los gentiles no es una sustitución, sino una coparticipación. Y el syn de Pablo es el sello gramatical de esa teología. El prefijo syn exige distinción. No hay "junto con" donde solo hay uno. La coparticipación es participación en compañía de alguien que permanece distinto.
Una lectura dispensacionalista tradicional de 3:6
Existe, sin embargo, una lectura de Efesios 3:6 que merece atención cuidadosa —una lectura común entre los intérpretes del Dispensacionalismo Tradicional. Reconoce que gentiles e Israel participan por igual en un mismo cuerpo, como coherederos y coparticipantes, pero interpreta la "promesa" de 3:6 como un llamado celestial distinto y exclusivo de la iglesia —algo que corre en paralelo a las promesas pactales hechas a Israel, pero separado de ellas.
Sin embargo, este movimiento va en contra de la lógica misma que Pablo ha venido construyendo desde 2:11. A partir de ese punto, todo el movimiento del argumento es de acercamiento: los gentiles, que estaban lejos, han sido traídos cerca (2:13); extraños a los pactos, han sido ahora incluidos. En 3:6 no se introduce un nuevo plan —es el mismo plan, ahora abierto a quienes antes estaban fuera de él. La "promesa" de 3:6 es singular, y no es nueva. Es la misma realidad que Pablo nombró en 2:12, donde describió a los gentiles como "extraños a los pactos de la promesa". Interpretar 3:6 como una referencia a una promesa separada y paralela equivale a reemplazar el lenguaje del acercamiento por el lenguaje de la sustitución —a convertir "traídos cerca" en "a quienes se les dio algo completamente diferente".
La lectura del Dispensacionalismo Progresivo, en cambio, toma en serio este contexto, y lo hace observando que el capítulo 3 se abre con la conjunción Toutou charin (τούτου χάριν), "Por esta razón" —una bisagra literaria deliberada que vincula lo que sigue directamente con lo que precede. Pablo no introduce un nuevo tema en el capítulo 3; está sacando la conclusión del argumento que construyó en el capítulo 2. Existe una relación orgánica entre los capítulos 2 y 3. El misterio no consiste en que judíos y gentiles compartan una promesa celestial distinta, desconectada de los pactos (un concepto de promesa diferente al del capítulo 2) —sino en que los gentiles han sido acercados a la misma promesa que nunca les perteneció (2:12), injertados en una relación pactual con Dios representada por el olivo de Romanos 11.
Dos lecturas, una diferencia decisiva
En resumen, para muchos dispensacionalistas tradicionales, el misterio de Efesios 3:6 consiste en que los gentiles han llegado a ser coherederos de una promesa celestial nueva y distinta —separada del contexto pactual que Pablo desarrolla a lo largo del capítulo 2. Para la lectura progresiva, el misterio es que los gentiles se han convertido en coherederos y coparticipantes de los mismos pactos de la promesa que Pablo viene desplegando desde 2:11. La diferencia no radica en detalles textuales oscuros —es la diferencia entre una lectura contextual y una lectura sistemática, en la que las conclusiones están determinadas menos por el flujo del argumento paulino que por un marco teológico impuesto sobre él.
La fuerza de doble filo del syn
La teología de la coparticipación codificada en el uso reiterado del syn por parte de Pablo actúa en dos direcciones a la vez. Se opone a la teología del reemplazo, porque el propio prefijo exige la preservación de identidades distintas —no hay "junto con" donde una de las partes ha absorbido a la otra. Pero se opone con igual fuerza a la tendencia del Dispensacionalismo Tradicional de asignar a la iglesia una escatología celestial completamente separada, desconectada de los pactos de la promesa —porque el "co-" no es coparticipación en algo nuevo y paralelo, sino coparticipación en lo que ya pertenecía a Israel. Dos identidades distintas, una sola promesa pactual. Eso es precisamente lo que significa syn, y precisamente lo que Pablo no nos permite olvidar.
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Autor
Leonardo A. Costa
Investigador y escritor que explora el dispensacionalismo desde una perspectiva progresiva, con una profunda apreciación por el legado de esta tradición.
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