Cuando un israelita confía en Cristo y entra al cuerpo de Cristo, ¿pierde su participación en las promesas nacionales que Dios le hizo a Israel? El Dispensacionalismo Clásico, con su separación rígida entre un pueblo terrenal y un pueblo celestial, implicaba que sí —y esa implicación ha incomodado a la tradición desde entonces.
El Dispensacionalismo Clásico se construye sobre una distinción tajante entre un pueblo terrenal (Israel) y un pueblo celestial (la iglesia). Lewis Sperry Chafer lo articuló con mayor claridad:
"El dispensacionalista cree que a lo largo de los siglos Dios persigue dos propósitos distintos: uno relacionado con la tierra, con un pueblo terrenal y objetivos terrenales, y el otro relacionado con el cielo, con un pueblo celestial y objetivos celestiales." (Chafer, Dispensationalism, p. 448; también Bibliotheca Sacra 93, 1936)
Chafer también afirmó:
"La singularidad de la iglesia respecto a Israel significa que el plan de Dios para Israel y el cumplimiento de los pactos israelitas no son la porción de la iglesia ni encuentran cumplimiento en esta dispensación presente, que concierne a la formación de la iglesia por parte de Dios. Judíos y gentiles están en pie de igualdad ante Dios en todos los sentidos." (Chafer, citado por Robert Wilkin, "What Is Dispensationalism? Part 1," Grace Evangelical Society)
La lógica es simple: Dios tiene dos programas —uno para Israel (terrenal) y otro para la iglesia (celestial)— y tiene dos pueblos —uno terrenal y uno celestial— sin que sea posible participar de ambos al mismo tiempo. Una persona solo puede pertenecer a uno de los dos pueblos y compartir el destino vinculado a ese pueblo. El creyente israelita que forma parte del cuerpo de Cristo no ha perdido su etnicidad —sigue siendo israelita—, pero ha perdido su participación en el programa profético de Israel. Ahora forma parte del pueblo celestial. Y ahí es donde comienza el problema.
Los fundadores: Darby, Kelly, Guers
John Nelson Darby fue explícito. En su lectura, el llamado de Israel es terrenal; el de la iglesia, celestial. Un israelita que cree durante la Era de la iglesia entra al pueblo celestial y ya no forma parte del programa terrenal de Israel. Escribió:
"Ciertamente están los llamados de entre las naciones (es decir, la iglesia), pero son llamados para los cielos. El llamado de Dios para la tierra nunca se transfiere a las naciones; permanece con los judíos."
Y sobre Romanos 9–11, Darby dice:
"Israel será salvo como nación, lo cual, por supuesto, no puede ocurrir en la iglesia, pues en la iglesia no hay ni judío ni griego."
La implicación es clara: el creyente israelita ha intercambiado un futuro terrenal por uno celestial. En la lectura de Darby, los judíos no serán injertados en la iglesia, pues esta ya habrá sido arrebatada a la gloria celestial; la futura salvación nacional de Israel vendrá como una restauración nacional sobre bases completamente distintas. Las promesas nacionales de Israel se cumplirán —pero para una generación futura de israelitas que lleguen a la fe después del arrebatamiento.
William Kelly (citado por William R. Newell) fue aún más contundente:
"¡Díganles la verdad a los judíos! Su Mesías les fue ofrecido a su nación y fue rechazado. Y Dios no le está ofreciendo ahora un Mesías a Israel, sino que Él mismo los ha rechazado: a todos excepto un 'remanente' que abandona las esperanzas terrenales judías, se reconoce simplemente como pecador y recibe a un Salvador de pecadores —¡no a uno 'judío'! Entonces llegan a ser 'participantes de un llamado celestial'." (Newell, Romans Verse-by-Verse)
El propio Newell añadió:
"Pablo trajo un mensaje nuevo: que la iglesia no era terrenal, ni nacional, ni judía en ningún sentido, sino un 'nuevo cuerpo', completamente celestial. Así que los santos judíos son llamados ahora 'participantes de un llamado celestial' (Heb. 3:1)." (Newell, Romans Verse-by-Verse)
Emile Guers enunció el principio tanto en términos corporativos como individuales. En términos corporativos:
"La iglesia... está compuesta de dos clases de hombres —judíos y gentiles— ... y cada uno pierde su carácter distintivo y nacional tan pronto como se une al cuerpo de Cristo..." (Emile Guers, citado por Mike Stallard, New Covenant and Dispensationalism)
Y en términos individuales:
"El judío cristiano... entra en posesión de todas las bendiciones espirituales del pacto hecho con Abraham, pero pierde las bendiciones temporales y nacionales." (citado por Mike Stallard, New Covenant and Dispensationalism)
La tradición continúa: Showers, Ryrie, Gaebelein, Pentecost, Wilkin
Esta no fue una postura aislada confinada al siglo XIX. Renald Showers trazó la misma línea en el siglo XX:
"Los israelitas que conforman ese remanente se convierten en miembros de la iglesia mediante la salvación. De ese modo participan de las bendiciones espirituales del nuevo pacto... Sin embargo, no participan de las bendiciones materiales y nacionales del nuevo pacto..." (Showers, There Really Is a Difference!)
Charles Ryrie describió luego de manera explícita esta divergencia al contrastar el Dispensacionalismo Normativo con el Dispensacionalismo Progresivo:
"Una divergencia parece ser esta: los dispensacionalistas normativos distinguían las promesas celestiales futuras para los cristianos judíos que llegan a formar parte del cuerpo de Cristo de las promesas futuras para Israel nacional en el milenio terrenal; los progresivos no lo hacen ('Un judío que hoy se convierte en cristiano no pierde su relación con las promesas futuras de Israel')." (Charles Ryrie, Dispensationalism)
Ryrie también afirmó que las promesas del AT se cumplen únicamente en el milenio y específicamente con judíos en cuerpos no glorificados, lo que refuerza la idea de que los creyentes israelitas de la Era de la iglesia —que serán glorificados en el arrebatamiento— quedan fuera de ese cumplimiento nacional.
Dwight Pentecost fue aún más explícito:
"Desde el rechazo de Cristo por parte de Israel hasta el momento en que Dios trate específicamente con Israel de nuevo en la semana setenta, no es posible hablar de un remanente de la nación de Israel. En el cuerpo de Cristo desaparecen todas las distinciones nacionales. Todos los judíos que son salvos no lo son en una relación nacional, sino en una relación con Cristo dentro de ese cuerpo de creyentes. Por lo tanto, no hay un remanente continuo de Israel con el que Dios esté tratando de manera particular hoy." (J. Dwight Pentecost, Things to Come)
"Pablo declara claramente en Romanos 11:25 que la ceguera de Israel es temporal. Debido a que esa nación está ahora ciega, Dios no puede tener un remanente dentro de la nación con quien se cumplan los pactos." (J. Dwight Pentecost, Things to Come)
Pentecost también citó con aprobación a Arno C. Gaebelein:
"...aún ha de haber un remanente judío, un testimonio fuerte y poderoso de que Dios no ha rechazado a su pueblo. Este futuro remanente de hebreos creyentes será llamado tan pronto como la iglesia esté completa y sea removida de la tierra. Este remanente que será llamado por gracia corresponde al remanente al comienzo de esta era." (Arno C. Gaebelein, Hath God Cast Away His People!, p. 28)
Y en 2025, Robert Wilkin (ThM, PhD, Dallas Theological Seminary) ofreció quizás la formulación más transparente: tres grupos eternamente distintos —la iglesia, Israel Redimido y las naciones. Los creyentes israelitas de la Era de la iglesia pertenecen a la iglesia, no a "Israel Redimido". En sus palabras:
"La iglesia en la nueva tierra estará compuesta por todos los creyentes desde Pentecostés en el año 33 d.C. hasta el momento del arrebatamiento. Después del arrebatamiento, el número de personas en la iglesia quedará fijo.... Israel Redimido en la nueva tierra estará compuesto por todos los creyentes judíos que murieron antes de Pentecostés en el año 33 d.C. o que llegaron a la fe durante la Tribulación o el milenio."
Habrá también un tercer grupo llamado "las naciones", compuesto por todos los creyentes gentiles que murieron antes del año 33 d.C. o que llegaron a la fe durante la Tribulación o el milenio. Tres grupos distintos —y los israelitas en el grupo de la iglesia no participan del grupo de "Israel Redimido".
Voces correctoras desde adentro
No todos dentro de la tradición aceptaron esto. Arnold Fruchtenbaum diagnosticó el problema directamente:
"Lo que ha aparecido varias veces en las obras de Walvoord es el hecho de que existe un remanente creyente de Israel. Ha dejado claro que este remanente formaba parte de la nación en el AT y que ahora, en tiempos del NT, forma parte de la iglesia. Lo que no queda claro es la relación del creyente judío de hoy con Israel nacional. Al igual que Chafer, Walvoord muestra una debilidad en el desarrollo de 'Israel Presente'. La implicación de la afirmación de Walvoord es que el creyente judío, al formar parte de la iglesia, ya no forma parte de Israel. Sin embargo, a partir de sus escritos no es seguro que él mismo haría tal deducción o llegaría a tal conclusión." (Fruchtenbaum, Israelology: The Missing Link in Systematic Theology)
Fruchtenbaum también reportó que Ryrie avanzó en la misma dirección cuando afirmó:
"Lo que esto significa es que los judíos creyentes 'entran en todas las bendiciones de la iglesia en esta era', mientras que los judíos que no creen no lo hacen." (citado por Fruchtenbaum, Israelology: The Missing Link in Systematic Theology)
Fruchtenbaum rechazó esta implicación con vigor. Su tesis central: "Un judío sigue siendo judío sin importar lo que crea" —la definición de la condición de judío es nacional y étnica (descendencia de Abraham, Isaac y Jacob), no religiosa. El remanente creyente de Israel es "el Israel de Dios" (Gál. 6:16) —un grupo dentro de la iglesia, pero que no deja de ser Israel. La iglesia es "un nuevo hombre" (Ef. 2:15), pero esto no anula la identidad judía: "Pablo no consideraba la iglesia como una continuación del Israel del AT, sino como una entidad completamente nueva" —y dentro de esta nueva entidad, judíos y gentiles conservan roles distintos. Fruchtenbaum defendió el derecho del judío mesiánico a mantener su identidad judía dentro del cuerpo de Cristo, lo que él llamó "el ala judía de la iglesia".
Dispensacionalistas más recientes han corregido explícitamente este problema. Craig Blaising señaló que, desde una perspectiva dispensacionalista tradicional, cuando los israelitas se convierten en cristianos, "ya no son judíos" en el sentido de que pierden la identidad judía como categoría escatológica —ahora tienen una escatología de iglesia, no una escatología de Israel. El Dispensacionalismo Progresivo, argumentó, rechaza esto: la identidad cristiana y la identidad étnica/nacional no son mutuamente excluyentes.
Michael Vlach escribió:
"Cuando Israel sea restaurado, los creyentes judíos que forman parte de la iglesia participarán de las bendiciones nacionales prometidas a Israel mediante los pactos abrahámico, davídico y nuevo. No dejarán de ser honrados como miembros de la iglesia, ni perderán su conexión con su herencia étnica. Estas bendiciones no están en conflicto sino que son complementarias..." (Vlach, The Bible Storyline)
Michael Rydelnik parece compartir la misma orientación. Hablando del nuevo pacto, escribió:
"El nuevo pacto fue ciertamente inaugurado con Israel a través del remanente justo de personas judías que creen en Jesús como Mesías. Hoy, la iglesia, compuesta por seguidores judíos y gentiles de Jesús, comparte esas bendiciones espirituales mediante su relación con el Mesías Jesús. Sin embargo, solo cuando el Mesías regrese e inicie su reino establecerá el nuevo pacto en su sentido más pleno." (Rydelnik, How Should Christians Think About Israel?)
Obsérvese cómo Rydelnik afirma que el nuevo pacto fue inaugurado con Israel a través del remanente creyente. El remanente no abandona el pacto de Israel —lo inaugura. Si el remanente israelita inicia su cumplimiento, entonces el remanente no puede haber perdido su herencia en la promesa de Israel. La iglesia en su conjunto comparte las bendiciones espirituales del pacto mediante su relación con el Mesías, pero el vínculo inaugurador entre el pacto e Israel pasa específicamente por los creyentes israelitas.
J. Brian Tucker afirmó el mismo principio:
"Los judíos mesiánicos, como parte de su membresía en Israel, deben continuar identificándose como judíos, reflejando el llamado de Israel a ser una nación separada y permanente." (Tucker, 50 Most Important Theological Terms)
Larry Pettegrew clarificó la dimensión del reino:
"Los dispensacionalistas... no creen que los cristianos gentiles permanezcan de alguna manera en un nivel espiritual inferior al de los judíos en el reino. ... Tanto judíos como gentiles estarán unidos en Cristo en el reino. Esto no niega... que la nación de Israel ocupará un lugar de prominencia..." (Pettegrew, Forsaking Israel: How It Happened and Why It Matters)
Kevin Bauder reconoció el exceso del sistema más antiguo:
"Algunos dispensacionalistas más antiguos veían prácticamente ninguna conexión ni continuidad entre [Israel y la iglesia]. Algunos incluso asignaban a Israel una posición permanente como pueblo terrenal de Dios y a la iglesia una posición permanente como pueblo celestial de Dios. Esta diferencia se aplicaba no solo en cuanto a su naturaleza como pueblos, sino en cuanto a su destino eterno real. Sin embargo, una ruptura tan radical pasa por alto elementos importantes de continuidad..." (Bauder y Compton, Dispensationalism Revisited)
Conclusión
El rígido dualismo terrenal/celestial del Dispensacionalismo Clásico causó una verdadera pérdida teológica: el remanente israelita de la era presente —y todo creyente israelita dentro de él. En el sistema antiguo, un israelita que confía en Cristo pierde efectivamente su participación en las promesas nacionales de Israel. Gana un destino celestial —pero a costa de su identidad dentro del programa de Dios para Israel. La formulación significaba, en la práctica, que el futuro del creyente israelita era idéntico al del creyente gentil —ambos tenían únicamente el destino de la iglesia (arrebatamiento, bendiciones celestiales), mientras que las promesas nacionales de Israel se cumplirían para los israelitas que lleguen a la fe después del arrebatamiento (durante la Tribulación y el milenio).
Los dispensacionalistas progresivos y revisados han reconocido este problema y han comenzado a articular una posición más coherente —una en la que el creyente israelita puede ser plenamente parte del cuerpo de Cristo sin perder su lugar en la historia de Israel.
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Autor
Leonardo A. Costa
Investigador y escritor que explora el dispensacionalismo desde una perspectiva progresiva, con una profunda apreciación por el legado de la tradición.
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