1. La contribución de la hermenéutica complementaria de Bock
La Hermenéutica Complementaria (HC) propuesta por Darrell Bock representa una contribución importante dentro del Dispensacionalismo Progresivo. Aunque no todos los dispensacionalistas progresivos la adoptan —Vlach, por ejemplo, no la emplea—, en mi opinión corrige dos extremos: por un lado, el Dispensacionalismo Tradicional, que tiende a mantener el AT y el NT en compartimentos tan separados que la continuidad del plan de Dios queda oscurecida; por otro lado, la teología de la sustitución, que anula las promesas hechas a Israel transfiriéndolas en su totalidad a la iglesia.
El gran aporte de Bock fue demostrar que el NT no reemplaza al AT, sino que lo acompaña. La revelación posterior complementa las promesas anteriores. La iglesia no reemplaza a Israel en el plan eterno de Dios. Esta perspectiva preserva la integridad de las promesas del AT al mismo tiempo que reconoce la genuina novedad de lo que Cristo inauguró. Es una contribución de valor inmenso, y este artículo se apoya en ese trabajo.
Sin embargo, hay un punto en el que considero que la HC podría refinarse, y lo que sigo es una propuesta en esa dirección. Lo que presento aquí no es un rechazo de la Hermenéutica Complementaria, sino un ajuste que, en mi opinión, la fortalece al hacerla más precisa. Se trata de una variación —un ajuste fino sobre un único punto—. La sustancia de la HC permanece intacta. La HCR debe leerse como un intento de preservar, con mayor rigor terminológico, el propio compromiso de Bock con el significado original, la intención del autor y el significado estable.
2. Una cuestión de ajuste fino: ¿dónde opera exactamente la complementación?
La pregunta que motiva este artículo surge desde dentro de la propia Hermenéutica Complementaria, cuando se la toma en serio junto con la hermenéutica gramático-histórica.
Consideremos dos afirmaciones de Bock. La primera:
"La nueva enseñanza desarrolla la promesa acompañando a la promesa antigua, excepto en los casos donde se afirma explícitamente que la promesa antigua ha sido dejada de lado. Esa es la naturaleza complementaria de la promesa. La iglesia no reemplaza a Israel en el plan eterno de Dios." [^bock-current]
Con esta afirmación, mi acuerdo es total. La promesa a lo largo de la revelación se complementa progresivamente. El contenido de los pactos también se complementa y avanza. La nueva revelación acompaña a la antigua —no la supera ni la reemplaza—.
Ahora consideremos esta otra afirmación:
"Estas lecturas complementarias no introducen inestabilidad en la interpretación, porque el significado nunca se pierde; solo se profundiza y enriquece." [^bock-three]
Aquí surge la tensión. Cuando Bock dice que el significado se "profundiza y enriquece", ¿qué es exactamente lo que se profundiza? ¿El significado del texto mismo? ¿O el elemento al que el texto apunta?
La pregunta puede parecer sutil, pero tiene implicaciones importantes —y muchos teólogos no han advertido esta diferencia crucial—. Si es el significado del texto lo que se profundiza, entonces el significado mismo es complementado: aunque nada se le quita al sentido original, algo se le añade. Si, en cambio, lo que se profundiza y complementa es la promesa como entidad distinta del texto, entonces el significado de cada texto permanece intacto, y la progresión ocurre a nivel de la promesa, no del texto.
Y este es precisamente el punto al corazón de la Hermenéutica Complementaria que podría beneficiarse de mayor precisión. En sus propios escritos, Bock sitúa la complementación en ocasiones a nivel del referente —la promesa, el pacto, la entidad real a la que el texto apunta—, y en ese caso la HCR está completamente de acuerdo. Pero otras veces la sitúa a nivel del sentido —el significado del texto mismo—, hablando de un significado que se "profundiza", "enriquece" o "expande". Ambos niveles no son intercambiables. El hecho de que estos dos niveles no siempre se distingan explícitamente en la formulación de la HC es lo que genera la ambigüedad que la HCR busca clarificar. Las categorías son del propio Bock; la HCR simplemente propone mayor coherencia en su aplicación.
La pregunta no es si existe complementación. La hay —en esto el acuerdo es pleno—. La pregunta es dónde opera. Y el núcleo de este artículo es mostrar que debemos distinguir cuidadosamente el significado de un texto del elemento al que este apunta —una promesa, un pacto, un tema teológico—. En mi opinión, esta ambigüedad —que se manifiesta en el movimiento entre sentido y referente— puede conducir a formulaciones menos precisas de lo necesario.
3. La tesis: Hermenéutica Complementaria Revisada
La propuesta que llamo Hermenéutica Complementaria Revisada (HCR) puede resumirse de la siguiente manera:
| Hermenéutica Complementaria (HC) | La promesa progresa mediante la revelación posterior que complementa la revelación anterior. Sin embargo, la HC no siempre distingue dónde opera la complementación: en ocasiones la sitúa a nivel del referente (la promesa, el pacto) y en otras a nivel del sentido (el significado del texto mismo). |
| Hermenéutica Complementaria Revisada (HCR) | La promesa progresa porque el elemento al que apuntan los textos —promesa, pacto, tema— es complementado por la revelación posterior. La complementación opera de manera consistente y exclusiva a nivel del referente, nunca a nivel del sentido del texto. Cada texto conserva intacto su significado original. |
Dicho de forma concisa: la HCR sostiene que la complementación opera a nivel del elemento teológico al que el texto apunta (promesa, pacto, tema), nunca a nivel del significado gramático-histórico del texto individual. El significado de cada texto es fijo; lo que progresa es el elemento revelado por el conjunto de los textos.
Y es precisamente por esto que la lectura canónica —la lectura que considera la totalidad de la revelación bíblica— resulta tan importante. No es prescindible; es esencial. Pero lo que la lectura canónica hace es arrojar luz y una comprensión más profunda sobre los elementos a los que apuntan los textos, no alterar el significado de los textos mismos. Cuando leo Jeremías 31 a la luz de Efesios 2, mi comprensión del nuevo pacto se enriquece —pero el significado de Jeremías 31 permanece el mismo—. La lectura canónica complementa mi comprensión del asunto en cuestión, no el significado de los textos que lo revelan.
4. Interactuando con Bock: acuerdo y refinamiento propuesto
Una de las fortalezas de la HCR es que no se opone al trabajo de Bock, sino que se sitúa dentro de él, buscando mayor precisión. Para aclarar esto, vale la pena examinar varios de los propios enunciados de Bock. Y aquí el patrón que este artículo busca clarificar se hace visible directamente en sus propias palabras: cuando Bock sitúa la complementación a nivel del referente —la promesa, el pacto, la entidad teológica—, la HCR concuerda plenamente. Cuando la sitúa a nivel del sentido —el significado del texto—, la HCR introduce su ajuste. El movimiento entre estos dos niveles es el punto preciso que la HCR busca clarificar.
Donde la HCR está plenamente de acuerdo — complementación a nivel del referente
El acuerdo entre la HCR y Bock es amplio y sustancial. En cada uno de los siguientes enunciados, nótese que Bock ubica la complementación a nivel de la promesa, el pacto o el programa teológico —es decir, a nivel del referente, no del sentido de ningún texto individual—.
Bock escribe:
"Lo que es único en la presente articulación de la tensión 'ya / todavía no' es una hermenéutica complementaria que insiste en que el cumplimiento del NT no resignifica el significado del AT. En otras palabras, tanto la promesa del AT como su conexión en el NT deben estudiarse en sus propios contextos antes de relacionar los dos Testamentos entre sí. La nueva enseñanza desarrolla la promesa acompañando a la promesa antigua, excepto en los casos donde se afirma explícitamente que la promesa antigua ha sido dejada de lado." [^bock-current2]
La HCR dice amén. El cumplimiento del NT no resignifica el significado del AT. Cada Testamento debe estudiarse en su propio contexto. La nueva enseñanza acompaña, no reemplaza a la antigua. Esto es precisamente lo que la HCR busca preservar.
Bock también afirma:
"Una promesa del AT hecha a un destinatario específico debe beneficiar a ese destinatario, aun cuando la promesa sea posteriormente ampliada para incluir a otros." [^bock-current3]
De nuevo, acuerdo pleno. La expansión no anula al destinatario original. El hijo mayor todavía recibe lo que le fue prometido, aunque el hijo menor sea incluido.
Sobre el nuevo pacto específicamente, Bock señala:
"Por ejemplo, el nuevo pacto se expande para incluir a los gentiles, aunque originalmente fue dado a Israel." [^bock-current4]
La HCR concuerda por completo. El nuevo pacto se expande. Pero obsérvese: lo que se expande es el pacto —la entidad teológica—, no el significado de Jeremías 31.
Comentando Mateo 13:52, Bock escribe:
"La revelación del reino de Jesús como misterio complementa la enseñanza del AT sobre el reino. Se añade a ella como parte del mismo programa... contiene tanto elementos antiguos como nuevos." [^bock-current5]
La HCR concuerda. Lo "nuevo y lo viejo" no implica que lo antiguo cambie de sentido. El crecimiento ocurre en el programa, en la promesa, en el tema —no en el sentido histórico de cada texto individual—.
Bock afirma además:
"La promesa es inherentemente prospectiva; y como tal, sienta las bases para la expansión sin exigir que todos los elementos de la realización de la promesa estén presentes explícitamente desde el principio. El progreso y la expansión pueden emerger a medida que más piezas de la promesa se ensamblan en un todo unificado, o a medida que se revelan más de sus elementos." [^bock-current6]
Este enunciado apoya directamente la tesis de la HCR. La promesa está inherentemente abierta a la expansión —pero es la promesa la que se expande, no el significado de los textos que la revelan—. El propio Bock habla de "piezas de la promesa" que se "ensamblan". Las "piezas" son los textos individuales, cada uno con su significado fijo. La promesa es el "todo unificado" que resulta del conjunto de esos textos.
Y finalmente:
"A esto lo hemos denominado 'hermenéutica complementaria', pues lo que el NT revela complementa y completa lo que el AT revela, sin perder lo que fue declarado originalmente, siempre que la expresión veterotestamentaria sea aún afirmada por declaración explícita del NT, por una alusión a lo dicho en el pasado, o mediante un lenguaje explícito de anulación." [^bock-pd]
La HCR abraza esto plenamente. Lo que el NT revela complementa lo que el AT revela —sin perder lo que fue declarado originalmente—. Nada se pierde. La HCR simplemente añade: y tampoco se añade nada retroactivamente al significado del texto original.
Donde la HCR propone su refinamiento — complementación a nivel del sentido
En los siguientes enunciados, nótese que Bock habla del "significado" que se profundiza, expande o enriquece —lo que equivale a situar la complementación a nivel del sentido, no del referente—.
Bock escribe:
"Estas lecturas complementarias no introducen inestabilidad en la interpretación, porque el significado nunca se pierde; solo se profundiza y enriquece." [^bock-three2]
La HCR no concuerda con esta formulación, porque sitúa la complementación a nivel del sentido —el significado del texto— en lugar del referente. Lo que se profundiza y complementa es el elemento al que el texto apunta —el referente—, porque las nuevas revelaciones aportan información nueva sobre él. El sentido del texto permanece como siempre fue; lo que crece es el referente, a medida que textos posteriores revelan más sobre la misma promesa, pacto o tema.
Un enunciado particularmente revelador es este:
"¿La expansión del significado implica un cambio de significado? Esta es una pregunta importante para quienes se preocupan por la coherencia en la interpretación. [...] Por un lado, añadir a la revelación de una promesa es introducirle un 'cambio' mediante adición. Pero eso es precisamente cómo progresa la revelación, a medida que se añaden referentes al alcance de una promesa previamente dada. Si la promesa estuviera presente con su significado pleno desde el principio, ¿dónde residiría el progreso revelatorio de la promesa?" [^bock-current7]
Aquí también el encuadre de "expansión del significado" sitúa la complementación a nivel del sentido; la HCR diría en cambio que lo que se expande es el referente.
De manera similar, Bock escribe:
"Él cuestiona nuestra descripción del significado complementario al formular esta acusación. Pero no advierte adecuadamente que nuestro argumento es que la revelación posterior puede añadir significado —no mediante cambio (como él afirma que sostenemos), sino mediante expansión y elaboración." [^bock-progressive]
La HCR valora la intención —Bock insiste acertadamente en que nada se pierde ni se cambia—, pero propone una formulación más precisa: la revelación posterior añade al pacto o a la promesa, no al significado de ningún texto individual.
Finalmente, considérese este enunciado:
"La enseñanza del AT no se cambia ni se anula; más bien, se profundiza, se hace más específica, o recibe elementos adicionales." [^bock-evangelicals]
Aquí la HCR concuerda, porque Bock habla de "la enseñanza del AT" —no del significado de un texto específico—. La enseñanza del AT en su conjunto puede ciertamente profundizarse y recibir elementos adicionales, porque dicha enseñanza es el resultado acumulativo de múltiples textos. Eso es diferente a decir que el significado de un texto individual se profundiza. La HCR hace explícita esta distinción.
5. La distinción central: el significado del texto y el elemento al que apunta son entidades distintas
El significado de un texto y el elemento al que ese significado apunta —ya sea una promesa, un pacto o un tema teológico— son dos entidades de naturaleza diferente. No son la misma cosa vista desde ángulos distintos: son cosas distintas, que existen de manera distinta y se comportan de manera distinta. Confundirlas es precisamente la fuente de la ambigüedad que la RCH busca resolver.
El significado de un texto es fijo. Está anclado en la intención del autor original, en las palabras que eligió, en el contexto histórico en que escribió y en la audiencia a la que se dirigió. Es una entidad lingüística e histórica. Queda determinado en el momento en que el texto es producido y no cambia después —así como el contenido de una carta no cambia una vez enviada. Lo que Jeremías quiso decir cuando escribió el capítulo 31 es lo que Jeremías 31 significa —ayer, hoy y siempre.
El elemento al que el texto apunta —una promesa, un pacto, un tema teológico— es el objeto real que existe más allá del texto. Es una entidad teológica e histórico-redentora que se desarrolla a lo largo del tiempo, mediante múltiples revelaciones, cada una de las cuales aporta su parte.
Lo mismo ocurre con los textos bíblicos y las entidades teológicas a las que apuntan. El nuevo pacto, por ejemplo, no es Jeremías 31. Jeremías 31 es una de las revelaciones acerca del nuevo pacto. El nuevo pacto es mayor que cualquier texto individual que hable de él. Lo mismo vale para el reino de Dios, para la promesa abrahàmica, para la promesa davídica —cada uno de estos elementos es revelado progresivamente por múltiples textos, pero ningún texto individual es el elemento mismo. Cada texto revela una porción; el elemento es la suma.
Piénsese en un diamante expuesto en una galería. Un espectador parado al norte ve un destello azul. Otro, desde el este, ve un rojo intenso. Un tercero, desde arriba, ve un estallido de luz blanca. Cada espectador ofrece una descripción verdadera —pero ninguna descripción individual es el diamante. El diamante es el referente, el objeto real. Cada descripción es un texto con su propio sentido fijo, que capta una faceta de la misma piedra. Para conocer el diamante en plenitud, se necesitan todos los ángulos. Pero la descripción desde el norte no cambia cuando el observador del este reporta lo que él ve. Cada una permanece lo que era —un relato verdadero de una faceta. Lo que crece es nuestro conocimiento del diamante, no el contenido de ninguna descripción individual. De la misma manera, cada texto bíblico revela una faceta de la entidad teológica a la que apunta. 2 Samuel 7 revela una faceta de la promesa davídica —una dinastía perdurable y un hijo que construirá el templo. El Salmo 2 revela otra —el Hijo instalado como Rey en Sión, a quien se le entregan las naciones como herencia. Isaías 9 revela otra más —un niño nacido, un gobierno sobre sus hombros, un trono de justicia y paz para siempre. Cada texto tiene su propio sentido, fijo en su propio contexto. La promesa davídica —el referente— es el diamante completo, revelado progresivamente mientras Dios, a través de diferentes autores en diferentes siglos, giraba la piedra y mostraba otra faceta.
El propio Bock ofrece una confirmación notable de este punto. Hablando de la promesa davídica, escribe:
"La revelación de la promesa davídica y del reino no se limita a 2 Samuel 7. Este puede ser el punto más crucial en toda la discusión. 2 Samuel 7 es apenas el comienzo de la promesa acerca de una dinastía específica. La promesa incluye todos los textos del AT que desarrollan la esperanza davídica (Salmos 2, 16, 89, 110, 118, 132; Isaías 9–11, 55; Jeremías 23, 30, 33; Ezequiel 34–37; Daniel 2, 7, 9; Oseas 3; Amós 9; Zacarías 12–14), más cualquier texto del NT vinculado a la esperanza mesiánica." (Current Messianic Activity)
Esto es precisamente lo que la RCH sostiene, y puede expresarse en términos de la distinción que está en el corazón de este artículo. 2 Samuel 7 tiene un significado —su contenido lingüístico: la promesa de Dios a David de una dinastía perdurable, un hijo que construirá el templo, un trono establecido para siempre. Ese es el sentido del texto —lo que comunica. Y este sentido apunta a un referente —la promesa davídica, una entidad teológica real dentro del plan redentor de Dios. Pero, como el propio Bock muestra, la promesa davídica es mucho mayor que lo que 2 Samuel 7 solo dice de ella. Es una entidad teológica que abarca docenas de textos a través de siglos de revelación. El sentido de 2 Samuel 7 es fijo —revela la porción de la promesa davídica conocida en ese momento. La promesa davídica en su plenitud es revelada progresivamente por muchos textos, cada uno de los cuales aporta su parte. Y si esto es así, entonces la complementación ocurre en el nivel del referente —la promesa, que crece a medida que nuevos textos se suman a ella— y no en el nivel del sentido de 2 Samuel 7, que permanece lo que siempre fue.
Esta distinción es evidente en cualquier otro campo
Un médico examina a un paciente y redacta un informe: "El paciente presenta una lesión de 2 cm en el pulmón derecho." Meses después, nuevos estudios revelan que la lesión creció a 5 cm y se extendió. El informe original no fue "profundizado" —sigue diciendo exactamente lo que decía: lesión de 2 cm, pulmón derecho. Lo que progresó fue la enfermedad, el objeto real al que el informe se refería. Decir que el significado del informe fue "complementado" por los hallazgos de los nuevos estudios sería como volver al informe original y cambiar "2 cm" por "5 cm" —como si el primer examen hubiera sido incorrecto o incompleto por no describir lo que aún no había ocurrido. Ningún médico haría esto. El primer informe era exacto al momento en que fue escrito. Los estudios posteriores revelaron más acerca de la misma enfermedad, pero cada informe conserva su propio significado.
Lo que ocurre cuando se confunden las dos cosas
Confundir el significado de un texto con el elemento al que apunta equivale a decir que Jeremías 31 "siempre incluyó a los gentiles" porque el nuevo pacto, en su desarrollo pleno, llegó a incluirlos —cuando Jeremías escribió explícitamente "la casa de Israel y la casa de Judá". El error es el mismo que reescribir el informe médico para que concuerde con los últimos resultados: proyectar sobre el texto algo que pertenece al elemento al que se refiere. Jeremías 31 no es el nuevo pacto —es una revelación acerca del nuevo pacto. Cuando la revelación avanza, el elemento se amplía. Pero el texto antiguo que habló de él no cambia retroactivamente. Describió la porción conocida en ese momento —y sigue describiendo exactamente esa porción.
El texto es como un mapa, y el elemento al que apunta es el territorio. Cuando un explorador descubre nuevas regiones y traza un nuevo mapa, el mapa antiguo no es "profundizado" —sigue representando lo que representaba. Lo que creció fue el territorio conocido. Confundir el mapa con el territorio es un error de categoría. Y es precisamente esa confusión lo que la RCH busca evitar.
Las propias categorías de Bock: sentido y referente
La ambigüedad identificada más arriba no es meramente inferida —el propio Bock provee las categorías exactas que la ponen de manifiesto. En Evangelicals and the Use of the Old Testament in the New (Parte 2, Bibliotheca Sacra), traza una distinción entre sentido y referente:
"El significado involucra el sentido de un pasaje y no principalmente los referentes de ese pasaje; pero el lenguaje de un pasaje del AT y su cumplimiento en el NT pueden relacionarse en términos de referentes de varias maneras."
Y poco después:
"Aunque existe una variedad de relaciones en el nivel del referente, el sentido básico del pasaje se mantiene."
En un artículo anterior (Parte 1), Bock cita a E. Johnson para definir estos términos con mayor precisión:
"'Sentido' se refiere al significado verbal del lenguaje expresado en el texto independientemente de la referencia, es decir, 'sentido' implica la definición de un término, no a qué se refiere ese término. 'Referencia' indica a qué o a quién se refiere específicamente mediante el significado de sentido. Existe una diferencia entre lo que se describe y se quiere decir (sentido) y aquello a lo que o a quien se refiere (referencia)."
Estas afirmaciones merecen atención cuidadosa, porque contienen, en germen, exactamente lo que la RCH propone.
El sentido de un texto es su contenido lingüístico —lo que las palabras comunican en su contexto gramatical-histórico. El referente es el objeto real al que el texto apunta —la entidad en el plan de Dios de la que el texto habla. Cuando Jeremías 31 dice "haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá", el sentido es el contenido lingüístico de esa afirmación —un nuevo pacto, con Israel y Judá, diferente del anterior. El referente es el nuevo pacto mismo —la entidad real en el plan redentor de Dios a la que el texto apunta.
Nótese ahora lo que Bock está diciendo. Primero: el significado involucra principalmente el sentido, no siempre el referente. Segundo: en el nivel del referente hay variedad y desarrollo, pero el sentido básico del pasaje se mantiene. En otras palabras, el propio Bock reconoce que el sentido de un texto es fijo, mientras que el referente puede ser objeto de revelación y desarrollo adicionales.
Esto es precisamente la distinción sobre la que se construye la RCH. El sentido de Jeremías 31 es fijo. El referente —el nuevo pacto— es revelado progresivamente a través de múltiples textos, cada uno de los cuales aporta su parte. Nuevos textos (como Efesios 2–3) apuntan al mismo referente y revelan más acerca de él, pero no alteran el sentido de Jeremías 31. El referente es el mismo; el sentido de cada texto es diferente y estable.
La tensión surge cuando Bock, en otro contexto, afirma que el significado es "profundizado y enriquecido". Si el significado es principalmente el sentido, y el sentido se mantiene, ¿cómo puede el significado ser profundizado? Lo que se profundiza no es el sentido de ningún texto individual —es nuestro conocimiento del referente, el elemento al que el texto apunta. Cuando la revelación posterior muestra que el nuevo pacto incluye a los gentiles, el referente (el nuevo pacto) se revela como más grande de lo que Jeremías 31 solo revelaba. Pero el sentido de Jeremías 31 permanece inalterado.
En otras palabras, la propia distinción de Bock entre sentido y referente, si se aplica con plena coherencia, conduce a la RCH. La RCH no introduce categorías ajenas —toma las categorías que el propio Bock provee y extrae sus consecuencias naturales. Si el significado versa principalmente sobre el sentido, y el sentido se mantiene, entonces la complementación no puede operar en el nivel del significado. Opera en el nivel del referente —el elemento al que el texto apunta.
Vale la pena señalar que esta misma distinción tiene raíces profundas en la filosofía del lenguaje. En 1892, el filósofo Gottlob Frege trazó una línea —ya clásica— entre Sinn (sentido) y Bedeutung (referencia). El sentido de una expresión es el modo en que presenta su objeto —es fijo y lingüístico. La referencia es el objeto real al que la expresión apunta —y ese objeto puede tener propiedades que el sentido no capta. El Sinn de Frege corresponde al sentido de Bock, y la Bedeutung de Frege corresponde al referente de Bock. La convergencia es notable: la filosofía del lenguaje y la hermenéutica bíblica, de manera independiente, llegaron a la misma distinción fundamental. La RCH simplemente insiste en que esta distinción sea respetada en la práctica —que lo que se complementa es el referente, nunca el sentido.
6. Ilustración 1 — Las cartas acumulativas
Para hacer esta distinción aún más concreta, considérese el siguiente escenario.
Un padre escribe tres cartas a su hijo, en distintos meses:
Carta 1: "Te daré $10 al final del año porque fuiste bueno este mes."
Carta 2: "Te daré $10 adicionales al final del año porque fuiste bueno este otro mes."
Carta 3: "Te daré $10 adicionales al final del año porque fuiste bueno este mes también."
Aquí tenemos, en escala simple, la misma estructura que encontramos en la revelación bíblica: múltiples textos, escritos en momentos distintos, apuntando al mismo elemento —en este caso, una promesa del padre al hijo.
Cada carta tiene su propio significado, fijo en el momento en que fue escrita. La Carta 1 significa $10, por una razón específica. La Carta 2 significa $10 adicionales, por otra razón. La Carta 3, otros $10, por otra razón más. Cuando se escribe la tercera carta, el significado de la primera no es complementado ni alterado en modo alguno —sigue significando exactamente lo que significaba cuando fue escrita originalmente.
Lo que se complementa es la promesa misma —el referente al que apuntan las tres cartas. Tras la Carta 1, la promesa es de $10. Tras la Carta 2, de $20. Tras la Carta 3, de $30. El referente creció con cada nueva carta, pero el sentido de cada carta permaneció fijo. Los $30 no son el sentido de ninguna carta individual —son el contenido acumulativo del referente que las tres cartas, juntas, construyeron. Si cada carta "ya significara" $30 desde el principio, ¿para qué necesitó el padre escribir tres? Las distinciones entre ellas —las distintas razones, los distintos meses— colapsarían, y el carácter acumulativo de la promesa quedaría borrado.
7. Ilustración 2 — El padre generoso (dar más de lo prometido no es alterar la promesa)
Considérese una segunda situación. Un padre escribe una carta a su hijo mayor:
Carta: "Si apruebas el año escolar, te daré $5 como regalo."
El hijo aprueba. Pero el padre, movido por generosidad y por razones que tenía en mente desde el principio, decide dar $10. Además, decide extender el regalo también a su hijo menor, que ni siquiera era mencionado en la carta.
Dos preguntas. ¿Cambió el significado de la carta? No. La carta significó, significa y siempre significará $5, para el hijo mayor, condicionados a aprobar el año escolar. El padre no "profundizó" el significado de la carta al dar más e incluir a otro hijo. Lo que hizo fue, como soberano sobre la promesa, ir más allá de lo que esa carta específica comunicaba.
¿Y perdió algo el hijo mayor? Tampoco. Los $5 prometidos en la carta están contenidos dentro de los $10. Y la inclusión del hijo menor no le quitó nada al mayor. El padre no le dio al menor en lugar de darle al mayor. Dio más. La promesa original fue plenamente cumplida; lo que el padre hizo fue ir más allá de ella, no en contra de ella.
El paralelo teológico es directo. Cuando Dios incluye a los gentiles en los pactos de promesa, Jeremías 31 sigue siendo una promesa a la casa de Israel y a la casa de Judá —plenamente garantizada. Lo que Dios hizo fue, como el Autor soberano del plan redentor, extender los beneficios del pacto también a los gentiles. La inclusión de los gentiles no reemplaza a Israel, no anula la promesa original y no reescribe ningún texto. Viene más allá —de manera contigua, como Bock lo describió con tanta precisión.
La grandeza reside en el Prometedor, quien hizo más de lo que cualquier texto individual comunicaba. No en la reescritura de lo prometido, y mucho menos en la exclusión de aquellos a quienes la promesa fue originalmente dirigida.
8. Caso de estudio: Jeremías 31 y la inclusión de los gentiles
Para mostrar cómo funciona la RCH en la práctica exegética, considérese el caso de Jeremías 31 —quizás el texto más central sobre el nuevo pacto en el AT.
El significado original de Jeremías 31 es claro y específico: es una promesa hecha a la casa de Israel y a la casa de Judá. Dios hará con ellos un nuevo pacto, diferente del que hizo cuando los sacó de Egipto. Pondrá su ley dentro de ellos, la escribirá en sus corazones, será su Dios y ellos serán su pueblo. Ese es el significado del texto. No hay gentiles en el horizonte de Jeremías 31.
Lo que el NT revela es que los gentiles, que estaban "lejos" y eran "extranjeros a los pactos de la promesa" (Efesios 2:12), fueron acercados e incluidos. Pablo llama a esto un misterio —algo "que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres" (Efesios 3:5)— a saber, "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y participantes de la promesa en Cristo Jesús" (Efesios 3:6).
¿Cómo entendemos esto? La CH, tal como está actualmente formulada, diría que la revelación del NT "profundiza" o "complementa" el significado del texto de Jeremías 31, que ahora incluye a los gentiles —es decir, ubica la complementación en el nivel del sentido. La RCH dice algo ligeramente distinto: el NT no actualizó ni complementó el sentido de Jeremías 31, como si secretamente ya incluyera a los gentiles o como si necesitara ser "expandido" para acomodarlos. Lo que el NT hizo fue complementar el contenido del nuevo pacto —la entidad teológica real a la que Jeremías 31 apuntaba, pero que no dependía exclusivamente de Jeremías 31. En otras palabras, la RCH ubica la complementación en el nivel del referente.
Y aquí hay un detalle crucial: la base para la inclusión de los gentiles no estaba implícita en Jeremías 31; estaba en Génesis 12:3, donde Dios promete a Abraham que en él serían benditas todas las familias de la tierra. La inclusión de los gentiles en el nuevo pacto no es una "expansión" del significado de Jeremías 31 —es el cumplimiento de otra promesa, independiente, que corría en paralelo. Y es también el contenido de la revelación explícita de Efesios 2–3 y Romanos 11. Pablo deja en claro en Efesios que los gentiles son ahora coherederos y copartícipes de los pactos de promesa. En Romanos 11, usa la imagen del olivo: los gentiles fueron injertados en el árbol cuya raíz son los pactos abrahámicos, y es esta raíz la que lleva la savia —las bendiciones de los pactos— a las ramas injertadas.
Jeremías 31 sigue significando lo que siempre significó: una promesa a la casa de Israel y de Judá. El nuevo pacto es mayor que Jeremías 31 —es una entidad teológica que se desarrolla a lo largo de la revelación, no el significado de un texto único. Y el NT es claro al afirmar que los gentiles, que una vez estuvieron lejos, han sido ahora acercados en Cristo y participan de este pacto. Pablo reveló un nuevo aspecto de la promesa que viene de manera contigua —exactamente como Bock lo describió con tanta precisión. Solo que este "de manera contigua" opera en el nivel del pacto, no en el nivel del significado del texto.
Cuando un dispensacionalista tradicional intenta negar cualquier relación entre los gentiles y el nuevo pacto, típicamente cita Jeremías 31: el pacto es con la casa de Israel y de Judá. Y en cuanto al significado del texto, tiene razón —Jeremías 31 dice esto efectivamente y lo sigue diciendo. Pero la participación de los gentiles en el nuevo pacto no necesita basarse en Jeremías 31. Se basa en la revelación del NT de que en Cristo somos copartícipes y coherederos de los pactos de promesa. El nuevo pacto no es Jeremías 31. Jeremías 31 es una revelación acerca del nuevo pacto. Y el nuevo pacto, como entidad teológica, incluye hoy tanto a Israel como a los gentiles —no porque Jeremías 31 haya sido reescrito, sino porque Dios reveló más acerca de su pacto de lo que cualquier texto individual contenía.
9. Objeciones y respuestas
Toda tesis que propone una distinción invita a preguntarse si esa distinción es real o artificial. La HCR no es la excepción. Dos objeciones merecen atención.
Objeción 1: "La distinción entre el significado de un texto y el elemento al que apunta es artificial. El significado siempre incluye el referente."
Esta objeción confunde dos niveles. Es cierto que un texto siempre apunta a algo: un referente. Pero el significado de un texto está determinado por su contenido lingüístico en su contexto histórico, no por la realidad total del referente. Jeremías 31 apunta al nuevo pacto, pero el significado de Jeremías 31 no es el nuevo pacto en su totalidad. Jeremías 31 revela una porción del nuevo pacto: la porción conocida en ese momento de la historia de la salvación. El nuevo pacto, como entidad teológica, es más amplio que cualquier texto individual que lo revela.
Objeción 2: "Esta distinción socava la unidad de las Escrituras al tratar cada texto de forma aislada."
Todo lo contrario. La HCR no aísla los textos: honra tanto el texto individual como el conjunto canónico. Cada texto tiene su propio significado, anclado en su propio contexto. Pero la lectura canónica reúne estos textos, y el resultado es una comprensión más rica de la promesa, el pacto y el tema. La unidad de las Escrituras no se produce haciendo que cada texto signifique más de lo que dijo originalmente; se produce gracias al Autor Divino que, a lo largo de siglos, mediante autores independientes, construyó una revelación acumulativa mayor que cualquiera de sus partes. La HCR preserva la unidad del canon precisamente al ubicarla donde corresponde: no en la alteración retroactiva de los significados individuales, sino en el diseño coherente del conjunto.
10. Conclusión
La Hermenéutica Complementaria Revisada propone un ajuste fino, pero uno de implicaciones significativas. Al ubicar la complementación en el nivel del referente —la promesa, el pacto, la entidad teológica— y nunca en el nivel del sentido —el significado gramático-histórico del texto individual—, la HCR logra dos cosas de manera simultánea.
En primer lugar, preserva la integridad de la hermenéutica gramático-histórica. El significado de cada texto bíblico está determinado por la intención del autor, por sus palabras y por su contexto, y no es alterado retroactivamente por revelaciones posteriores. Esto cierra la puerta a lecturas que, por bien intencionadas que sean, terminan funcionando como una reescritura sutil del Antiguo Testamento.
En segundo lugar, mantiene la riqueza de la teología bíblica progresiva. La promesa crece. Los pactos se desarrollan. El plan redentor avanza. No se pierde nada de la grandiosidad del diseño divino; al contrario. La grandeza radica precisamente en que Dios, a lo largo de siglos, a través de distintos autores, en contextos diversos, mediante textos independientes, fue construyendo una Promesa acumulativa que supera a cualquier texto individual.
La Hermenéutica Complementaria de Bock abrió el camino. La Hermenéutica Complementaria Revisada solo sugiere que lo recorramos con un cuidado adicional: que la complementación —tan real y tan necesaria— sea ubicada donde efectivamente opera. No en el significado de los textos, sino en el elemento al que estos apuntan.
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Autor
Leonardo A. Costa
Un investigador y escritor que explora el dispensacionalismo desde una perspectiva progresiva, con una profunda apreciación por el legado de esta tradición.
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